5/09/2017

Paisaje

El vértigo que siente una persona al mirar hacia el vacío no es el miedo a caer, sino el miedo a tirarse. Uno sabe bien, mientras camina por una pasarela por entre las sierras, que jamás podría caerse desde ahí por accidente, por asomarse un poco a mirar el paisaje. ¿Por qué el miedo, entonces? El miedo es a tirarse, a pegar el salto y caer al vacío. Desde ahí, seguramente, el paisaje se vería más lindo.

Desde chico que siento el vértigo cotidianamente. No se reduce sólo a precipicios, también lo siento cuando me asomo por el balcón de un cuarto piso o cuando espero que pase el tren o el subte por delante mío. Siento el impulso irrefrenable de querer saltar, de dar un paso al frente cuando escuche el rugido del motor y que la formación me pase por encima. Quedar despedazado en mil partes. Dejarle algo de verdad a este mundo.

Sin embargo, siempre me freno. Todo queda en el mundo de las ideas. El hecho de sólo pensarlo me genera una culpa indescriptible, que da paso a la angustia. Y es la misma culpa y la misma angustia la que me terminan frenando. No hacerlo para sentir culpa.

Bueno, creo que la culpa se me va agotando.

Quizás el paisaje se vea más lindo desde arriba. O desde abajo.

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