10/28/2016

Rubia III

Rubia I
Rubia II

Hablábamos todos los días, nos veíamos dos o tres veces por semana. Cogíamos mucho, y tomábamos más. Por primera vez sentía que mi alma se despertaba. No me importaba mi novia, en lo más mínimo. Le mentía sin descaro y prefería mil veces verme con la Rubia que con ella. Sin embargo, no podía dejarla. Todavía era chico y creía que era noble sentir lástima y quedarse sin hacer nada. Era un canalla, y no me avergüenza decirlo así porque es en pretérito.

El tiempo pasaba y yo cada vez estaba más metido. La mitad de los días dormía en su departamento en Caballito. Había dejado la facultad, con mis amigos me veía cada vez menos y a mi novia no le atendía el celular. Sólo tenía tiempo para la rubia, el whisky más caro que podamos comprar (por aquella época era un caminante rojo) y lo que sobre directo a una bolsa de merca. Y nos encerrábamos días enteros en su departamento.

Creo que la primera vez que tomé conciencia de la mierda de la situación fue en la casa de un amigo de ella. Ella tenía muchos amigos y cogía con la mayoría. A mi no me importaba (y tampoco estaba en condiciones de exigir nada, sinceramente). Con tal de que duerma conmigo me alcanzaba. El hecho es que estábamos en lo de este muchacho, de mucha guita, tomando. El pibe estaba muy duro al momento de tomarse dos líneas XL. Al rato le sangró la nariz, nos reímos todos juntos y él cayó muerto arriba de una mesa ratona, rompiendo el vidrio y cortándose.

El pibe no murió, pero uso la expresión cayó muerto porque así lo sentí en ese momento. Vi cómo caía con el cuerpo duro sobre la mesa, cómo sangraba por los cortes. Esa noche terminé en casa, solo, sin poder dormir. Tenía la cabeza en jaque. Ella, con otros dos, fueron al hospital. El pibe sufrió una sobredosis y le quedaron secuelas irreversibles en el cerebro. Nunca más lo vi, pero me dijeron que se babeaba y no podía hablar.

Creo que fue la última vez que tomé en cantidad. Ella dejó de tomar para siempre (o, al menos, hasta que la dejé de ver). Las cosas empezaron a ir mal después de todo esto (aunque no creo que haya sido causa-consecuencia). Cada vez nos veíamos menos, ella me esquivaba. Me decía que estaba viéndose con el ¿ex? novio, que quería volver a arreglar su vida. Le pregunté si yo tenía algo que ver con que su vida esté rota, me dijo que no y lloró una hora seguida sobre mi pecho.

Y el final de todo esto llegó al poco tiempo. Me cortó en seco, así sin más. Cogimos una última vez y fue hermoso. No hace falta aclarar que yo estaba enamorado. Ella volvió con el novio y eliminó toda forma de contacto para conmigo. Yo volví con mi novia (a la que dejaría, recién, un año después). Durante muchos meses le envié mensajes a la Rubia, casi siempre borracho, y todos sin respuesta.

Volví a hablar con ella mucho tiempo después, yo ya estaba terminando otra relación (esta vez en el momento justo). Ella seguía con el novio. Fue la primera vez que respondió, y hablamos un poco de todo. Se estaba por recibir de veterinaria, seguía trabajando en el jardín de infantes y vivía con su novio. Recordamos viejas épocas y todo quedó ahí, en unos pocos mensajes.

Creo tener un recuerdo mucho más grande del que fue. La realidad es que sólo fueron unos meses de buen sexo, de excesos y de noches sin dormir. De una mujer que quería estar con su novio pero por alguna razón no podía. De un hombre que no quería estar con su novia pero por alguna razón no se lo decía. Todo esto lo entiendo hoy, claro. Casi seis años después. Entiendo que no estuve enamorado, que ni siquiera fue amor.

No sé por qué siempre me atrajo tanto la historia con la Rubia. Era hermosa, cogía muy bien y tomaba mejor. Pero nada más que eso. Era muy inteligente, también. Fue la primer mujer que me interesó y me dijo que no. Sin excusas, sin vueltas. Quizás sea eso. Le dediqué muchos cuentos, y la novela que estoy escribiendo gira, en gran parte, a su alrededor. Cabe la posibilidad de que escriba sobre ella, tal vez, sólo para sanar el dolor que me provocó su rechazo.

2 comentarios:

Camila Poblete dijo...

A la rubia, la imagino morocha.

BarbiSch dijo...

A la rubia la imagino rubia, con mucha pero mucha cabeza; me quedé pensando con tu historia, además de estar escrita -como siempre- de una forma elocuente y clara, me pega en lo personal (mi historia de rubia y chico duró 3 años).
Abrazo!