10/03/2016

Nombre y apellido

Mi nombre es Nicolás Bruno, tengo 24 años y vivo en Ciudadela (zona oeste de Buenos Aires). Uso el pseudónimo de Paolo Maquerni por una canción de Don Lunfardo y el Señor Otario. Hace tiempo dejé de usarlo, entonces publico con mi verdadero nombre. Todavía no sé por qué, pero empiezo a sospecharlo.

Cuando tenía 15 años gané un concurso literario de España. Era para mayores de 18, así que usé el nombre y apellido de mi hermano, como también la fotocopia de su DNI. Gané unos cuantos euros (no recuerdo cuánto) y la futura publicación en una antología. Tenía que hacer una entrevista por skype para confirmar la identidad y completar unas planillas. Me dio miedo que mis viejos y mi hermano se enteraran de que había usado sus datos, y olvidé el tema por completo. Nunca supe de la plata ni del cuento.

Ese mismo hermano, Lucas, hace un año y medio se fue a vivir a Córdoba. A un pueblo muy chico y muy alejado (no llega ni a pueblo, creo). Se fue con Bárbara, mi cuñada. Abandonaron dos trabajos muy bien pagos, un departamento muy lindo y un coche muy rápido, dejaron absolutamente todo y se mudaron allá. Ahora manejan un bar al cual supe saquear durante buena parte del verano. Ahora son más felices. Los horarios de oficina tienen mucho que ver con la tristeza.

En mayo de este año, el 25, nació Mateo, su primer hijo. Mi sobrino. Pude viajar a verlo recién en agosto. Cuando lo vi por primera vez, me tembló el cuerpo. Literal. Sentí algo que no había sentido nunca. Y lloré cuando lo tuve en brazos por primera vez. Los demás estaban por ahí, haciendo cosas. Y yo me quedé con Mateo en brazos, solos los dos. Y yo lloraba, le hablaba, le sonreía. Le contaba cosas. No podía dejar de mirarlo. Lo sentí tan puro, no podía creer tanta pureza y tanta inocencia junta.

La semana que viene, mi hermano, mi cuñada y Mateo vienen unas semanas de vacaciones. Será la segunda vez que lo vea. Esto de las distancias ya me empieza a molestar. Quiero sentir otra vez eso que había sentido al verlo, al tenerlo en brazos. Nunca había sentido algo así, y fue hermoso. Es hermoso.

Por ahí viene el asunto, creo, de usar mi nombre. Esto que escribo tiene que ver conmigo. Esto que escribo, en parte, soy yo. Me llamo Nicolás Bruno.

1 comentario:

BarbiSch dijo...

Y sin intentarlo siquiera te hizo no desdibujarte y gritar tu nombre, es la magia de los sobrinos! creo que nos hacen querer protegerlos de todo. qué se yo.
Me gustó tu historia, qué bueno que vienen! y una pena los euros :)