8/07/2015

Será, valdrá

Apenas la veo me entran las ganas de llorar. Está mirando al techo, tiene la mirada perdida. El aparato que le da oxígeno hace un ruido horrible. Ruido a muerte, pienso. Me le acerco y le doy un beso en la frente. No me mira. Le agarro la mano y le digo que la amo, que la amo mucho.

- Yo también te amo -balbucea como puede sin dejar de mirar el techo.
- Te manda saludos Lucas, que no pudo venir. También Bar y Anto.
- Los amo, los amo, los amo -lo repite tres veces, uno para cada uno.

Quiero llorar, pero no puedo. No tengo. Adelante de ella no. Le pregunto si vino el cura a verla. Me responde que sí, y por primera vez me mira. Se le nota en los ojos que quiere estar cerca del Dios al que tanto le rezó toda su vida.

- Tengo ganas de irme, ya. Quiero irme.
- Tratá de descansar.
- ¿Por qué hay que sufrir tanto? ¿Tan lindo será lo del otro lado?
- Será, abue. Será.
- ¿Valdrá la pena todo esto?
- ¿Alguna vez te conté cómo tendría que ser esto para mí?

Me dice que no.

- Tendría que ser en una casa, algún lugar que le recuerde a uno cosas lindas. Tendría que estar la gente que uno elija previamente, a dedo. Habría una comida muy rica, la comida favorita. Todos comeríamos, tomaríamos vino y nos reiríamos hasta que se haga la hora de irse. Nos daríamos besos, abrazos y juraríamos volver a vernos. Y entonces, ahí sí, saldríamos por la puerta.
- ¿Y vos qué comida elegirías?
- Tus milanesas con puré, claro. Que siguen siendo mucho más ricas que las de mamá, pero no le digas que todavía se pone celosa.