8/20/2015

Rubia I

La conocí en el curso de ingreso de Comunicación Social en la Universidad de La Matanza. Dijo algo sobre las villas, hizo un comentario que yo malentendí. Estaba sentada atrás mío, varios bancos, y sin mirarla le respondí con una ironía bastante agresiva para una primera clase. Fue en el recreo de la segunda cuando me vino a hablar y la vi por primera vez. Estaba sentado en un banco escuchando música cuando me tocó el hombro.

Era rubia y alta, muy alta. Me llevaba media cabeza, y pocas mujeres que conozco lo hacen. Pero lo que más recuerdo eran sus tetas: eran enormes, redondas, perfectas. Calzaban justo con su escote. Me dijo que la había entendido mal, que ella hablaba de urbanizar las villas y no de otra cosa. Le pedí perdón, nos presentamos y me di cuenta que teníamos mucho más en común de lo que hubiese imaginado. Le gustaba leer, mucho. Escuchaba Viejas Locas y seguía a todos lados a Las Pastillas del Abuelo. Citaba a Galeano casi de memoria.

Empezamos a sentarnos juntos y cada vez hablábamos más. El hecho de que nos gustaran las mismas cosas ya había quedado en el pasado. Ahora hablábamos de nosotros, de cómo vivíamos, qué pensábamos, qué hacíamos. Poco a poco me iba abriendo, y sentía que ella hacía lo mismo. Un día me di cuenta que me interesaba ella más que la materia. Me invitaba a fumar porro muy seguido a la vuelta de la facultad. Fumábamos, hablábamos, nos reíamos. A veces nos íbamos a tomar unas cervezas y ni volvíamos. Me estaba empezando a gustar. Ella, su risa (se reía con toda la cara, achinaba los ojos). Me gustaba que fume y tome a las diez de la mañana como yo.

Un día, después de rendir, me invitó a la casa. Vivía en Caballito, así que tuvimos un viaje largo. Entramos a su departamento, destapó una cerveza y después pidió una pizza. Vi cómo entraba a la habitación a cambiarse, dejando la puerta entreabierta. Tuve la fantasía de entrar y morderle las tetas. Sabía que ella estaba de novia, y que estaba muy bien por lo que me había contado. Pero también sabía que yo no estaba bien con mi novia, que hacía más de tres años que estábamos y que nunca me había sentido cómodo. Ella me gustaba, y mucho. En cuanto salió me le acerqué y la miré a los ojos. La miré fijo, a una distancia muy corta. Ella me miró, también. Esa mirada, claro. Y me miró los labios, y entonces me acerqué y le di un beso. Un beso muy corto.

No, no, no. Perdón, perdón. Mi novio, sabés que estoy con él. Perdón. Sabés que sí, sabés. Pero no da.

Y me volví, sin comer ni tomar nada. Me volví a ver a una chica con la cual estaba hacía un tiempo largo y no sentía más que lástima, dejando atrás a otra chica que me había movido el cuerpo entero y de la cual me traía nada más que un frío beso.

1 comentario:

Alma vacía dijo...

Galeano es una mierda.