5/21/2015

Violencia es mentir(se)

Estaba viendo una película y me vino un recuerdo, de cuando era chico. Y ese recuerdo disparó otro, de hace un año en una sesión con la psicóloga.

La escena era sobre un boxeador que discutía con la mujer, le revoleaba la mesa recién servida y la acorralaba para pegarle.

Y me pasó lo que me pasa siempre que veo algo así: me angustié. Esa angustia que te nace desde el estómago y se te anuda en la garganta, que no te deja respirar. No puedo soportar ver una imagen así, me altera, no puedo. Sea en una película o en la calle, la imagen de un hombre violentando psicológica y físicamente a una mujer me genera una de las peores sensaciones que llego a sentir. Y me dio ganas de llorar, se me llenaron los ojos de lágrimas. Tuve que poner pausa un rato largo, dejar de verla.

- ¿Y por qué pensás vos que te angustia tanto? -me preguntaba mi psicóloga.
- Ya sabés vos, Andre.
- Quiero que vos lo sepas.
- Yo ya lo sé, mejor que nadie. Mi puerta todavía tiene un agujero de una patada que le dio mi papá, ¿sabías? Está hace como no sé cuántos años. Yo voy a cumplir 23, debe estar desde que tenía 8 o 9 años. Nunca la arreglaron, ¿sabías? Es gracioso. Es como si lo hubiesen dejado a propósito, como si cada día de mi vida que entre o salga de mi pieza vea ese pedazo de puerta destrozado. Me acuerdo el miedo que sentí cuando pasó, y el miedo que sentía cuando veía el agujero. Cuando era más chico soñaba con algún día tener plata y comprarme muchas Barras Kinder, porque mis viejos no me podían comprar y a mi me encantaban. Y soñaba con comprarme cajas y cajas todas para mí. ¿Sabés que empecé a anhelar después de eso? Poder arreglar la puerta, porque ellos me decían que no tenían plata para arreglarla. ¿Cómo mierda un nene va a soñar con arreglar una puerta que rompió su papá en un ataque de esos que tenía?
- ¿Qué había pasado ese día?
- No sé, ¿qué importa que había pasado? La violencia no se justifica nunca, y menos adelante de un nene. Esas cosas llegan muy hondo, muy hondo. ¿Sabés lo que sentía yo cuando mis papás se gritaban y mi papá agarraba del brazo a mi mamá, con esa voz llena de odio, y se encerraban en la pieza? Yo escuchaba los golpes, yo sabía lo que pasaba. Nunca dije nada, ni siquiera ahora de grande. Jamás lo hablé con ellos.
- ¿No sería momento de hablarlo?
- ¿Para qué? Ya pasó eso, ya sentí toda la mierda que podría haber sentido. ¿Sabés qué hacía yo? Corría a mi habitación y me acostaba en la cama, tapándome con todo lo que pudiera. A veces hacía calor, y yo transpiraba mucho, pero no me importaba. Me acostaba y lloraba, lloraba tanto que sentía que me iba a quedar sin lágrimas. Y deseaba, cerraba los ojos y chocaba los dientes con fuerza deseando desaparecer, deseando que ellos desaparezcan, que ese cuarto se esfume. Soñaba con hundirme en el colchón hasta que la pelea pase, hasta que todo se calme. Quería tener la sensación de quedar atrapado en medio del colchón, en un lugar cómodo y en silencio, donde nada pueda tocarme.
- Como el cuento que me mostraste una vez.
- Claro, tal cual. Desde esos días que sueño con tener un cuarto sólo para mí. Cuando tuve algunos años más dejé de tener esos sueños, empecé a tratar de buscar una solución real. Real desde el punto de vista de un nene, claro. No uno de ocho, pero sí uno de diez, de once. Y entonces pensaba que si tuviera plata podría construirme un cuarto secreto donde solo yo pueda entrar, donde nunca haya ruido, ni peleas, ni se rompa nada. Quería que esté adentro del ropero. Pero no de fantasía, literal. Quería que por el ropero haya una puerta secreta, y que a través de un hueco en la pared de a otro cuarto de la casa donde sólo por ahí se pueda entrar.
- Otra vez la solución en base a la riqueza económica.
- Y sí, claro. Hasta no hace mucho yo pensé que las cosas que pasaban en mi casa, con mis viejos, era porque éramos pobres, que ellos se peleaban de esa forma porque no teníamos plata. Estaba convencido que si éramos millonarios yo no tendría que estar pasando por todo eso.
- ¿Y ahora qué pensás?
- Ahora entiendo que no era así, claro.
- Y si entendiste el tema de la violencia, ¿por qué te sigue generando tanta angustia?
- Que lo haya entendido no quiere decir que lo haya superado.
- ¿Qué te da miedo, Nicolás?
- Creo que también lo sabes. Que el violento, algún día, sea yo.

1 comentario:

Mili dijo...

Hola!
A veces entro a leerte porque esta url todavía sigue guardada en este windows7. La mayoría de las veces pienso que seguís igual que siempre, (autenticidad o monotonía, lo que quieras) entonces te leo y sigo leyendo el diario por internet.
Por cierto, la letra blanca en fondo negro fulmina a mi queratocono.
Hoy aunque no tenga nada para decirte te quise escribir. Podría poner "te abrazo" y quedar como esos contactos de facebook que sólo comentan cuando hay algún fallecido. Es que en realidad te abrazo.

Mil besos!