5/10/2015

Cosas que a lo mejor le pasan a alguien un domingo a la noche


La chica que le gusta leerme, le gusta tratar de entender los fantasmas de mi cabeza, los monstruos de mi riñón. Le fascina que describa mis borracheras brutales. Todo es muy lindo cuando se lee, cuando se siente a la distancia (cuando no se siente, en realidad). Porque leer no es vivir. Y entonces ella lee mis ataques, mis dolencias. Dice que las entiende. Y tomamos algo, y se ríe de mis chistes, y cogemos. Y vaya si cogemos. Y le sigue pareciendo fascinante mi dolor. ¿Cómo te va a gustar mi dolor, por favor? Y pasa el tiempo, y deja de entender. Deja de parecerle fascinante mi afición al alcohol, deja de darle gracia mi humor. Se da cuenta que se levanta un martes a las seis de la mañana y yo estoy tomando, estoy escribiendo. Y hace un ruido y le grito, le grito fuerte, y revoleo no sé qué mierda contra la pared. Y ella se asusta, claro que se asusta. Bienvenida a la vida real, hermosa. Bienvenida, al fin conociste al monstruo. Disfrutá tu estadía. Yo te avisé, les juro que le avisé. No hay personaje, no hay narrador. Nunca lo hay. Esto no es una saga para adolescentes (y no hablo de capacidad, no digo que podría escribir algo así, ni algo mejor, ni algo peor, ni nada, no). Esto soy yo desnudándome para el que quiera ver mi cuerpo sangrando. Soy yo, hola. Vení a conocerme. Este es mi cuerpo flaco, estas son mis costillas. Como poco, viste. Esta es mi cicatriz enorme en mi costado derecho por el riñón que falla. Ya no falla, creo. Por eso me lo operé. Aunque no podría tomar, pero sigo. Sigo. Viste, no aprendo de nada. Nunca. Menos voy a aprender de vos ahora. No te vayas, por favor. Yo te avisé, te advertí antes de que te quedes a dormir. Te dije, a mi también me gusta coger con vos pero no te conviene dormir conmigo, no soy una buena persona. Sí, perdón, sí soy buena, pero no sé cómo compartir intimidad con alguien, tiendo a arruinar esas cosas. Me gusta tomar, y el alcohol me violenta, me enferma. No, no te pegaría, no es así, me violento conmigo mismo. Rompo cosas, escribo, rompo escritos. Vení. Yo te lo advertí, eh, te lo dije. No digas que no.

Volvé, por favor. Hace frío. Me duele el riñón. Te juro que me duele.
Vení a darme un beso en la cicatriz. Me duele la cicatriz.
Vení, quedate a dormir conmigo. Te prometo que esta noche no voy a gritar.

Volvé, que se me terminó el vaso.

1 comentario:

Alma vacía dijo...

Los domingos son días para morir.