2/19/2014

Welcome to the machine

Ayer venía viajando desde Paternal, a eso de las once de la noche. Recién salía del taller de Pablo, el muchacho que tan ocupado me tiene con sus terribles libros (no sé si algún adjetivo les calza mejor, porque son terribles, porque son oscuros, y porque son hermosos a la vez). Era la segunda vez que iba, y me tocó leer. Iba nervioso, Pablo me había advertido que los primeros tres meses iban a ser los más duros, donde las críticas me podían destruir para siempre, pero que si sobrevivía iba a quedar muy bien parado. Hice un ejercicio sobre los recuerdos. Trataba de escribir un recuerdo, y partir de ese otro relacionado, y a su vez otro, y ya en el tercero llegaríamos a lo más antiguo. Así, tres series de tres recuerdos cada uno.

Leí último. Primero el que más me gustaba. A Pablo le encantó, y me sorprendió. Me dijo que era un recuerdo perfecto, que se notaba la pasión de la nostalgia, y que a su vez tenía una literatura hermosa, aunque sin llegar a ser literatura (así debía ser el ejercicio). Cuando leí los otros dos, me dijo que sonaban forzados. Ya lo sabía, había hecho trampa, no me habían salido naturalmente. Sin embargo, antes de que pueda acotar algo, soltó: "Tenés una forma de escribir muy limpia, una prosa excelente. ¿Cuánto hace que escribís? ¿Tenés algo escrito?" Y no podía contener las ganas de sonreírme. Lejos estoy de ser chupa medias, mucho menos me interesa la opinión ajena, pero que el escritor que admiro, que escribe como siempre soñé, que llega a plasmar el dolor y el amor como ningún otro que haya leído, me diga algo así, la verdad es que fue muy gratificante.

Volvía contento, hablando por mensaje con Anto y contándole todo. Llegué con todas las pilas a casa, a pesar de que había dormido dos horas la noche anterior. Dejé la mochila, entré a la pieza a cambiarme y la vi. Una máquina de escribir, hermosa. Me brillaron los ojos, me tembló el cuerpo entero. ¡UNA MÁQUINA DE ESCRIBIR! La puta máquina que venía buscando hace rato y no me alcanzaba la plata. No lo podía creer, no entendía cómo estaba ahí si unas horas antes no estaba. Pensé en agradecerle a mis viejos, hasta que vi una hoja sobre la máquina. Me encerré en la pieza y me puse a leer

"Pero fue nomás poner la hoja en la máquina y saber que yo podía, en esa pieza de pensión y a partir de ese momento, hacer lo que quisiera en esa hoja, podía ser quien quisiera, podía odiar mucho más a los que odiaba, podía amar mucho más alos que amaba, podía triunfar en el odio y en el amor. Podía escribir sobre la realidad y modificarla en todos los lugares en que no me gusta, o en los lugares en que me sentía traicionado por ella. Podía usar la imaginación de esa manera que me parece a mí más refinada que la de inventar monstruos y magos, o copiar y pegar de un blog o de otros libros: la imaginación que se afina para perforar la superficie de las cosas, esa imaginación.

No salió muy prolijo pero es con amor.
Espero que se lleven bien.

Te amo.
Anto".

Me puse a llorar. No sé cómo resumir lo que sentí.
Fue amor, claro. Es amor.

Y en cuanto al regalo, es lo más lindo que alguien me haya dado jamás.

3 comentarios:

German Magni dijo...

Felicitaciones,me imagino las millones de cosas que vas a escribir en esa genialidad,mucha suerte loco

PD:volvi,moribundo,pero volvi
Saludos

Die dijo...

Qué alegría!

Alma vacía dijo...

Antes, a Pablo lo idolatraba. Después, por algo puntual, más personal, lo dejé de admirar. Pero es algo así como un enojo. Igual, no puedo negar que me gusta leerlo y que tengo libros de él esperándome en la mesita. Me encanta como escribe, a decir verdad y no voy a dejar de leerlo.
Éso te quería decir.

Siempre soñé con tener una máquina de escribir. Abusala por mí, por todos.