2/17/2014

El camino de la luna

Las flechas son una oportunidad, lo entiendo ahora que corrijo lo escrito. A vos te señaló la panza para que morfes algo. No debías llegar a los cincuenta kilos y no comías nunca. A mí el pecho porque iba a pagar la cobardía de no enfrentarte.

Enfermero.

Me llamaste así, y tanta bomba debió ser una tormenta de sangre, un huracán de heroína que trajimos de Hurlingham y que era para fumar, vos lo dijiste, heroína marrón para fumar, no para meterse, y me pediste y me pediste tanto, mil veces, eras insoportable, y lo hice, pero lo peor fue que ella me miró cuando lo hice, me estaba mirando quiero decir, no con esa cara de puta que tanto nos gustaba, sino con otra cara, una cara horrible, implacable y seria. Y la metimos igual, porque en realidad la metimos, no te daba el cuero ni para empujarla y te ayudé, y enseguida me di cuenta de que esa vez te mataba. No hablo de mí, la droga te mataba, yo te mataba.

Qué mierda, David.

Y entró toda, media jeringa a puro empujón de inflador directo al río de tu vida.

Acá estoy, David, soy yo, Pablo.

Prometo volver a subir algo mío cuando termine de exprimir a este tipo.

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