3/17/2013

Santiago y Romina, y yo y vos no!

Hoy a la tarde vinieron Santi y Romi, cuando llegaron yo todavía estaba durmiendo. El dedo colgado de Romina sobre el timbre hizo que me despertara y los atendiera, de muy mal humor. Tenía la boca seca y todavía me dolía la cabeza. Me da lástima arruinar su sábado, uno de los pocos días libres que tienen y lo desperdician conmigo que soy una causa perdida. Ella cree que desde que la otra me dejó vivo triste, siente la responsabilidad de venir y ayudarme, y él, si bien no piensa eso, sólo quiere verme bien así que se vuelve el cómplice de su novia y pierden su sábado acá adentro. Hablamos tres palabras, me acosté y les dije que no hacía falta que vinieran. No hubo caso. Ella me abrió la ventana de par en par, me sacó de la cama y me obligó a vestirme. Empezaron a ordenar la habitación, después la cocina y terminaron limpiando la casa entera.

"No podés seguir así".

No entienden nada, ellos son felices. Son lindos y felices.

Nos ponemos a tomar mate, Santi me quiere contar que a la noche van a hacer algo divertido pero Romina le clava la mirada y él calla, ella piensa que me hace mal escuchar lo bien que les va. Claro que no, si son de las personas que más quiero en el mundo, ¿cómo envidiarlos? Aunque admito que de cuando en cuando me imagino en cómo se deben sentir y en cómo alguna vez supe disfrutar de algo similar. Las agujas corren demasiado rápido cuando alguien se siente cómodo y confortable, me gustaría que adoptaran la misma postura durante esas noches en que no puedo dormir. Hacen bastante, pobres, pero no alcanza. Está bien que vengan a ordenar este desastre y me levanten de la cama, pero pasa por otro lado la cosa. Ya es tarde, ya se van.

"Si necesitás algo, sea la hora que sea, llamanos".

Saben que no los voy a llamar, pero se sienten en la responsabilidad. Y acá estoy, otra vez. Sigo igual, pero con la casa limpia y la cama armada. La cabeza todavía me duele, pero al menos no tengo ese sabor a nada horrible en la boca que queda como testigo de lo que pasó anoche. Seguramente ellos, para esta hora, estén haciendo todo eso que yo solía y tan contento me ponía. Que triste es pensar en cómo van cambiando las cosas, en cómo eran, en cómo son y en cómo jamás van a ser. Tengo una tos horrible y una botella de vodka abajo de la cama. Mañana va a ser un día igual que hoy, sólo que nadie va a venir a rescatarme.

No hay comentarios: