2/22/2013

Don Ramiro


El deseo de Don Ramiro era que lo enterraran con lo puesto, con lo que tenga encima al momento en que su corazón deje de latir. Y así fue. Tenía puesta una camisa manga corta y un pantalón de corderoy. Dentro del pantalón llevaba, además, la billetera con los documentos y algunos billetes, y un celular que le habían comprado los nietos para poder comunicarse con él más seguido. Asistí al entierro de Don Ramiro ya que lo conocía de toda la vida y casi siempre nos quedábamos hablando cuando lo cruzaba en la esquina. Era el abuelo que nunca había tenido.

Esa tarde volví muy triste a casa, me encerré en mi cuarto y lloré durante algunas horas. Después, agarré mi celular, marqué el número de Don Ramiro y lo llamé. Quería sentir la voz de su contestador por última vez.

- Hola, ¿cómo estás?- soltó su voz, más fría que nunca.

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