10/02/2012

El Fantasma


Ayer lo vi por primera vez. Volvía a mi casa alrededor de las once de la noche, la oscuridad se había apropiado de cada rincón de la ciudad y el calor volvía difícil la respiración. Dobló en la esquina hacia donde me encontraba. Noté que su aspecto era sombrío, así que apuré el paso la media cuadra que faltaba hasta mi casa. Cuando por fin llegué a la puerta me encontraba bastante agitado, así que me tomé unos segundos para recuperar el aire antes de entrar. Cuando volví la mirada hacia la esquina, no había señal alguna del hombre que había visto segundos antes y que se dirigía hacia mi. La calle estaba tan vacía y oscura como de costumbre, así que decidí entrar. Sin embargo, y para mi sorpresa, al darme la vuelta el hombre estaba detrás mío mirándome fijo a los ojos. Me quedé petrificado, un terror inmenso invadió mi cuerpo y así me quedé por unos instantes. Sabía que tenía que decir algo, pero no sabía qué. El hombre no se movía y seguía con la mirada firme y desafiante.

- Permiso, quiero entrar -dije como un nene inocente.
- Soy un fantasma - respondió sin titubear.

Solté una risa corta, más de la sorpresa que de la gracia. Sabía lo ridículo de aquella frase, y sin embargo sonaba verdadera cada una de las palabras que la formaban. Supongo y arriesgo que era el tono de su voz lo cual volvía verídica tal descabellada frase. Era de esas voces que parece que cada vez que suenan dicen la verdad absoluta, de esas que son tenues y frías a la vez. El silencio era, por segunda vez, dueño total de la situación. Sabía, de nuevo, que algo tenía que decir, pero antes de que pudiera siquiera pensar en algo, el hombre estiró su brazo y lo atravesó por mi pecho hasta mi espalda. Otra vez quedé inmóvil, pero esta vez no era el miedo el que me paralizaba, sino más bien era un impedimento físico.

- Es para ahorrar presentaciones, la gente suele ser muy desconfiada -soltó sin sacarme el brazo del cuerpo-. ¿Sentís cómo tus temores más profundos salen a flor de piel? ¿Ahora me creés?

Cada palabra anunciaba la verdad. Era tal y como lo decía, cada uno de mis miedos se habían presentado en mi cabeza en el mismo instante en que el fantasma me atravesó el pecho con su brazo. Le respondí que sí, que le creía y recién ahí me soltó. La sensación fue totalmente diferente, sentí una paz inmensa, una alegría un tanto extraña.

- ¿Cómo moriste? -fue lo primero que se me ocurrió preguntar, y lo más lógico.
- ¿Estás en frente de un fantasma y no tenés mejor idea que preguntar eso? -al escucharlo pensé en lo tonta que fue mi pregunta. Hay gente que muere todos los días por mil causas distintas, y la gran mayoría son comunes y tienen explicación-. Justamente a eso me refería -dijo el fantasma, y no sé si me había leído el pensamiento o si simplemente había pensado en voz alta.
- ¿Cómo es el cielo?
- Esa tampoco es una pregunta muy inteligente, aunque sí más comprensible. Me hubiese gustado otro tipo de interacción, digamos que no tengo muchas chances de hablar con alguien y al menos esta fue desperdiciada.
- Pero yo quiero saber cómo es el cielo.
- Eso no es importante. Por alguna razón estoy vagando por este barrio y hablando con alguien que se encontró un fantasma y no supo qué preguntarle.
- ¿Qué querés de mi?
- Por esta vez nada, se arruinó. Hasta nunca -suspiró antes de desaparecer, dejando la noche un poco más oscura.

Era un fantasma triste.

1 comentario:

bella de día. dijo...

yo le hubiera preguntado si sabe en qé parte del cielo puedo encontrar a mi abuelo.

me gusta tu blog.
un saludo.