8/19/2012

Rojo 27

Tenía pensado un texto acerca de las fotos, de la comodidad en lugares absurdos y mediocres (como una cama que te es totalmente ajena, por ejemplo), pero no. Prefiero seguir quejándome del dolor que tengo.

Hola, me duele mucho.


Una vez conocí al diablo, al mismísimo diablo metamorfoseado en una anciana decrépita de unos noventa y pocos años. Tenía ciento tres arrugas, un pañuelo que no le dejaba ver el pelo y un vestido gris largo hasta los pies descalzos. Era de baja estatura, pero a causa de la edad. En general, su aspecto era gris. Se encontraba en la esquina del departamento que estaba alquilando con amigos en la costa, estática, mirando fijo hacia el mar (ya que nos alojábamos a una cuadra del mismo). Una tarde, luego de pasar el día en la playa, me bañé y enfilé hacia el casino para desafiar al azar. Fue la primera vez que la vi. Al pasar por al lado sentí un escalofrío inmenso, la depresión invadió mi mente y mi cuerpo se debilitó por completo. No me podía mover.

- Buenas tardes, yo soy el Diablo -dijo sin mirarme.

La miré un tanto extrañado e intenté seguir mi rumbo. Seguía inmóvil.

- Yo soy el Diablo, vos no sos feliz y va a salir el 3 rojo.
- A mi me gusta el 27 -le dije asustado.
- Jugá al 3 rojo y me lo vas agradecer.

Apenas terminó de hablar logré moverme, empecé a correr hasta llegar al casino y entré. Me senté en la ruleta y aposté todo lo que tenía al 27 rojo. Salió el 3. Perdí todo, y me volví un poco más pobre al departamento. Antes de llegar noté que la anciana ya no estaba en la esquina, sino que me esperaba en la puerta del departamento.

- Te dije que apuestes al 3 rojo.
- Y yo le dije que a mi me gusta el 27.
- Entonces te va a gustar para siempre.

Y así fue como cargo con una maldición imposible de sanar, cada vez que piso un bingo, un casino, o algún lugar que contenga una ruleta apuesto todo lo que tengo al 27 hasta perder.

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