3/14/2012

Fantasmagórico!

Casi dos años después del primer encuentro, el fantasma revisó la carpeta y contó 198 páginas.

—Falta muy poco. No vale la pena que lo haga esperar hasta el mes que viene. Si me promete que traerá las últimas hojas, le daré la flor hoy mismo.
—Prometido.

El fantasma sacó de su ojal la flor roja, y me la alcanzó ceremoniosamente. Ya oscurecía y la plaza estaba más triste que nunca.

—Vaya —me dijo, y se esfumó.

Aquella misma noche, la Mujer Amada me rechazó de un modo definitivo.

-Le traje Las dos últimas páginas. Pero quiero decirle que todo salió mal.

Me pareció adivinarle una lágrima fantasmal.

—Lea. Lea lo que me ha traído.
—¿Para qué? A usted no le interesa.
—Esta noche sí. Lea.

Le leí la anteúltima página.

[...]

-No está mal —dijo el fantasma.
—La flor no sirvió.
—Ya lo sé. Ella no lo querrá nunca.
—Usted hizo trampa.
—No. La flor fue inútil porque ella no es la Mujer Amada. Además usted no la necesita a ella. Usted necesita la flor. Usted es la flor.

Le arrojé en la cara la última página.

—Tome, ahora podrá entrar al cielo.
—No hay cielo ni hay infierno. Nunca volverá a ver a su padre muerto. El amor no renace. La juventud no regresa. No hay milagros. Los fantasmas no existen y este libro que soñamos no es más que un fastidio de textos que otros pensaron.
—¿Quién es usted?

El fantasma me devolvió la última hoja.

—Leé, leé para mí.

[...]

El fantasma, llorando, se fue para siempre.

-

(y por cosas como éstas es que mis escritos
siempre terminan en la basura,
aunque sólo después del punto final).

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