1/05/2012

Buen día mi vida...

... mientras pienso cómo llegué acá!


1.-

La primera vez que me desperté al lado tuyo ni siquiera me levanté, porque no dormimos en toda la noche. Habíamos coincidido en un bar en Morón la noche anterior, yo estaba muy borracho y vos estabas muy hermosa. Hasta ese momento habíamos hablado poco y nada, pero nos alejamos de nuestros amigos y nos sentamos juntos para reírnos toda la noche. Nos reíamos de cualquier cosa. De cómo transpiraban los vasos por el calor, del gordo con la remera de Flema, de lo bien que bailaba una pareja, de mi para nada acertada imitación de Syd Barret. El amanecer nos encontró juntos en un hotel de paso, y bien supimos arrebatarnos el uno al otro lo que restaba de la noche (que de noche ya no tenía nada) A las dos de la tarde nos fuimos, cada cual para su lado, y juré llamarte para volver a vernos.

2.-

La más linda de las veces que me desperté al lado tuyo, ya nos decíamos te amo (y creo que lo empezaba a sentir) La noche anterior habíamos ido al cine a ver una de Woody Allen. Fuimos porque siempre te gustó el humor de Allen, y a mi me gustaba demasiado cuando reías, parecía como si todo cobraba sentido de golpe. Cuando salimos fuimos a comer a ese restaurante en Palermo, el cual tenía la particularidad de estar todo a oscuras y uno comía sin saber qué tenía en frente, lo cual potenciaba en demasía los otros sentidos. Eran las doce treinta de la noche y ya estábamos en tu cama, no tardaste mucho en dormirte, pero yo me quedé mirándote un rato largo, embobado, como un nene mirando la vidriera de una juguetería. Me levantaste cerca de las ocho de la mañana trayéndome el desayuno a la cama. Desayunamos en silencio y con mucha paz a cuestas. Te cambiaste, me diste un beso en la frente y te fuiste a trabajar, mientras yo me daba vuelta para seguir durmiendo.

3.-

La última vez que me desperté al lado tuyo, en realidad, no estaba al lado tuyo. La noche, el día y hasta los meses anteriores venían de mal en peor. Todo lo que pintaba arco iris se transformó en siluetas oscuras y frías, y la realidad poco a poco nos golpeaba con verdades en la cara. Es extraño ver cómo el tiempo transforma las virtudes en defectos, cómo esa chispa que tanto te enamoraba ahora sólo te quemaba. Y cada vez más chocantes, y cada vez más distantes. Esa noche me fui dando un portazo, mientras tu rostro bajo lágrimas gritaba crudas verdades que me penetraban el pecho como dagas. Fui pasando de bar en bar, cerrando la mayoría, hasta que no se cómo volví. Me levanté cerca de las ocho de la noche, todavía sentía el gusto del whisky intacto en la boca, cómo si hubiesen detenido el tiempo luego del último sorbo, y además tenía un dolor de cabeza espantoso. Me avergüenza confesar que apenas podía elevar la mirada para confirmar tu ausencia. Cinco minutos después, tu sombra arrastrando una valija y el ruido del ascensor fue lo último que supe de vos.


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