4/04/2011

Deudas de un muerto

Revolviendo el cajón encontré algo había escrito en la Costa y nunca le había prestado atención (sí, me pasa seguidísimo eso de escribir cosas totalmente borracho y no acordarme) En fin, transcribo lo que más o menos se entiende:


"Sobre la 33, entre la 18 y la 20" escuché antes de morir. Es absurdo pensar en lo último que vamos a ver o escuchar antes de la muerte. Mientras salgo volando por el parabrisas, los pequeños fragmentos de vidrio van cortándome la cara, como despertándome para luego introducirme en un sueño eterno.

Voy pensando que me hubiese gustado escuchar otra cosa en vez de la voz del locutor de la radio. Me hubiese gustado oir su voz, por ejemplo. Tantos años de vida ignorando tan simple pero hermoso detalle, y en cinco segundos de muerte es lo que más añoro volver a oir. Nunca pensé que la muerte seía tan lenta, estos cinco segundos antes de que mi cabeza reviente contra el cemento son los más largos de toda mi vida (que ironía)

Acabo de descubrir que los recuerdos que uno tiene antes de morir se dividen en dos grandes y únicos grupos: Los efímeros e irrelevantes, y los eternos y nostálgicos. Yo tengo ambos, ya que no los logro diferenciar. Recuerdo la risa de mi abuelo, recuerdo que dejé el televisor prendido y están cayendo rayos, la recuerdo a Ella, recuerdo el camión que se nos acaba de cruzar en contramano y recuerdo a mi viejo buscando en vano una salvación para los dos. Recuerdo eso y mucho más también.

Pienso en cuantas promesas y cuantos "algún día" dejé tras el asfalto mojado. Irme a vivir al Norte, nuestro viaje a Cuba, el amor eterno... Tendría que haber vivido el día a día, pero no me culpo. Supongo que todos se dan cuenta recién en esta situación...

Te extraño y te lo digo ahora, tardíamente, antes de que mi cuerpo desfallezca en la calle y mi alma quede vagando por todo el espacio infinito llorando el tiempo perdido.